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La educación del siglo XXI: Ética, valores
y creatividad
Angélica Sátiro
Ese texto fue escrito como base para la conferencia ETICA, VALORES
Y CREATIVIDAD que forma parte del II CICLE DE CONFERÈNCIES:
“L’EDUCACIÓ AL SEGLE XXI”, organizado por
el Centro de Profesores de Palma de Mallorca, 11 de abril de 2005
¿Educación del Siglo XXI?
Miradas retrospectivas y miradas prospectivas
¿Siglo XXI? ¿De que será que estará
hecho ese futuro cercano a lo cual llamamos siglo XXI? ¿Qué
nos espera? ¿La cosecha de lo que sembramos anteriormente
y/o más siembras para otros tiempos? ¿Sorpresas o
sencillamente consecuencias de los actos anteriores?
Miradas retrospectivas
Como el águila, lo que el texto pretende hacer ahora es mirar
panorámicamente, sin profundidad, solamente bajo el criterio
de la amplitud. Miremos hacia el siglo XIX y XX, ¿qué
es lo que puede ser causa de alguna consecuencia en el siglo XXI?
¿Qué tipo de fuerzas quedaron demarcando el espíritu
de aquellos siglos?
Siglo XIX: Es el siglo de revoluciones intensas en distintos niveles:
social, conceptual, científico, cultural, etc. En el campo
conceptual y cultural: romanticismo como manera de pensar, sentir
y vivir, idealismo, positivismo, libertad, identidad. Crítica
a los valores tradicionales y la posibilidad de crear valores. Avances
científicos y tecnológicos cambian los modos de vivir,
de producir y de valorar la vida. Teorías revolucionarias
en campos distintos: Darwin, Marx, Nietzsche. En el campo social,
político y económico: fin del absolutismo monárquico,
aparecimiento de nacionalismos, cambio del mundo del trabajo, aparecimiento
del proletariado, marxismo. Inicio de la lucha ideológica
entre capitalismo, socialismo, comunismo.
Siglo XX: Es el siglo de dos guerras mundiales y de cambios intensos
en la perspectiva del humano hacia si mismo, hacia al otro y hacia
su grupo. Freud cambia totalmente la mirada hacia la conciencia
humana cuando introduce el concepto de inconsciente. El existencialismo
reclama un tipo de humanismo nuevo. A nivel colectivo se ve de casi
todo: fascismo, nazismo, campos de concentración, revolución
de estudiantes, movimiento hippie, contracultura, sociedad de consumo,
cultura de masas, lucha por la igualdad de razas, de género,
de orientaciones sexuales, de capacidad intelectual. A nivel científico
y tecnológico los avances ocurren con una velocidad increíble
y los saltos cualitativos surgen de manera sorprendente: conquista
del espacio, teoría de la relatividad, teoría quántica,
el ordenador ocupa un lugar prioritario en el ámbito del
trabajo y de la comunicación, amenaza de holocausto nuclear,
especulaciones genéticas, microbiología, cambios climáticos,
aldea global, realidad virtual, etc. La complejidad del siglo hace
nacer la necesidad de una ética y una acción comunicativa,
dialogica.
Eses dos siglos se caracterizan por una sorprendente intensidad
y una velocidad increíble a nivel de cambios sociales, científicos,
culturales. ¿Qué podrá haber causado todo eso?
¿Qué consecuencias pueden perfilar el siglo XXI?
Miradas prospectivas
Para muchos el siglo XXI nace con la obligación de contestar
y cuestionar a 5 problemas-clave:
1. La globalización económica
La globalización que está siendo cuestionada en este
texto es aquella que es entendida como ideología y acción
económica dominante que transforma todo en un gran mercado,
en el que todos los valores se subordinan a los valores económicos
y dónde las relaciones de compra y venta pasan a ser el referente
para todas las relaciones. Es una manera de organizar la sociedad
que coloca una lente de aumento en las injusticias sociales ya existentes
en sus “microsistemas”. O sea, en el mercado global
existe una expansión de los problemas locales y las desigualdades
se proyectan a escala mundial. Como de lo que se trata es ganar
cada vez más, invirtiendo cada vez menos, lo que ocurre es
que se pervierte el sentido del dinero que definitivamente deja
de ser visto como un medio para ser divinizado como fin. La globalización
es una mundialización del neoliberalismo, lo que significa
que el capitalismo venció y masacra a escala mundial. Ahora
son países enteros explotando a otros países.
2. La mundialización de la cultura
En función de las distintas formas de intercambio cultural
que se dan hoy en la aldea global, de la red de comunicaciones inmediatas
entre personas de diversos países y también de la
propia globalización de la economía, vienen apareciendo
nuevos y distintos movimientos migratorios. Un país es una
geografía localizada políticamente, pero esos movimientos
migratorios han hecho que otras culturas rompan sus fronteras, generando
lo que algunos vienen llamando mundialización de la cultura.
Todavía no se conocen los resultados, positivos y/o negativos,
de ese movimiento, pero se sabe que la antigua idea de “identidad
cultural” empieza a cuestionarse. Hasta hoy veníamos
hablando de identidad cultural para referirnos a un apego personal
a un formar parte de un grupo mayor (una comunidad, una cultura,
un país), que comparte, entre otras cosas, una lengua y un
conjunto de creencias y valores que normalizan prácticas
concretas y cotidianas. Pero ahora, lo que antes era reflejo de
un acto de autoprotección comunitaria, por ejemplo la exclusión
de inmigrantes, es ampliamente cuestionado.
3. La desintegración ecológica
Son muchos los problemas ecológicos ya ampliamente constatados
cotidianamente recordados por los medios de comunicación.
El mal uso de los recursos naturales generó en todo el planeta
un conjunto de problemas de difícil solución. Los
hábitos de los ciudadanos y las acciones de las grandes empresas
necesitan cambiar y el proceso de concienciación, aunque
cuente con acciones organizadas, está siendo lento. Urge
cambiar las forma de relacionarse con el agua, con el aire, con
la tierra, con los deshechos. Y todo eso supone una base ética
que, organizando inspiraciones, valores, principios, actitudes y
pensamientos, genere otra manera de relacionarse con la naturaleza
y con los recursos básicos que ésta ofrece para la
vida humana.
4. Los avances biotecnológicos y la vida como valor
Cada vez aumentan más las posibilidades técnico–científicas
de manipulación de la vida. Y, cuestiones como la eutanasia,
el aborto y la clonación colocan la cuestión de la
vida como un valor en “jaque–mate”. Los avances
biotecnológicos posibilitan la realización de esos
actos de forma cada vez mejor y más segura. Pero la discusión
ética en torno a ellos no encuentra todavía soluciones
claras. La bioética como área reflexiva reciente plantea
cuestiones en relación a esos temas. Pero todo es todavía
muy reciente y crece la desconfianza en relación con esos
avances científicos por parte de varios segmentos sociales.
5. La amenaza de la violencia y el terror a escala mundial
La ética, desde la Antigüedad, tiene como tema el problema
de la violencia. Incluso, buena parte de su acervo teórico
es normativo, ya que pretende evitar, disminuir o controlar la violencia.
Después de los día once de setiembre de 2001 y 11
de marzo de 2004 es imposible realizar cualquier reflexión
ética negando lo ocurrido. Y son distintas las formas de
incluirlo en esa reflexión. Ciertamente la cuestión
del terrorismo ganó proporciones gigantescas y la amenaza
de la violencia se ha convertido en determinante en las relaciones
internacionales.
********
A nosotros, los humanos, el tiempo nos descoloca, por eso inventamos
la linealidad que va del pasado, hacia al presente y al futuro.
La incertidumbre de la circularidad y de la subjetividad del tiempo
siempre nos ha descolocado porque necesitamos certezas, seguridades,
“concretudes”, coherencias, orden, lógica. Por
eso marcamos el tiempo, lo contamos, lo medimos. Es la necesidad
que tenemos de asegurarnos de que una cosa vendrá después
de la otra y como su consecuencia. Por lo tanto, para muchos el
futuro nada más es que la consecuencia del pasado. Y muchos
son los que ven el siglo XXI de manera sombría y desesperanzada.
Según esas miradas, ¿qué nos queda por esperar
de un siglo que empezó con guerras, actos terroristas, cuestionamientos
profundos de la vida como valor? Para muchos, después de
todo el mal que el humano causó a la naturaleza desde el
siglo XIX con su revolución industrial y su consecuente contaminación
ambiental ya definió que no nos queda remedio: ¡el
planeta va a morir! Para otros, el hecho de que se puede clonar,
practicar la eutanasia, abortar, implantar casi todos los órganos,
hacer cirugía plástica, hace que la vida humana quede
condicionada a las manos de los biólogos, médicos
y intereses económicos que giran alrededor de esos experimentos
y posibilidades. Para otros, el hecho de que el capitalismo, el
individualismo, el neoliberalismo hayan vencido el siglo anterior
con fuerza, delimita la posibilidad de acción colectiva de
todos. Según esos no hay nada más que: consumir, luchar
para ganar mucho dinero y tener su individualidad preservada. Por
lo tanto, para muchos el siglo XXI no será nada diferente
de aquellas películas de ciencia ficción que presentan
seres humanos solitarios viviendo en casas pequeñas “hipertecnologizadas”,
en ciudades fuera del planeta tierra y sin ninguna conciencia colectiva.
Pero parece ser que no siempre es así, a lo largo de la
vida individual y colectiva pasa de todo: progresos, encuentros,
desencuentros, crisis, saltos cualitativos, atrasos, inesperados...
La vida no es tan lineal como queremos que sea cuando la explicamos
bajo ese concepto de temporalidad que inventamos. Parece ser que
la vida es algo más similar a una red que tiene distintos
nudos conectados a la vez e innumerables conexiones entre esos nudos.
El siglo XXI no necesariamente será solamente la consecuencia
de los siglos anteriores, no hay porque ser fatalista delante del
futuro. El siglo XXI son muchas posibilidades y varios niveles de
combinación de esas posibilidades. Ver el tiempo como una
red, como un sistema, nos ayuda a flexibilizar nuestras convicciones.
Pero, ver el tiempo como una red y no como una línea implica
cambios importantes en nuestra manera de pensar, sentir y actuar.
Implica cambiar de perspectiva: en la red no todas relaciones son
de causa-efecto, muchas serán de partes-todo, medios y fines
entre otras. Sin contar que las combinaciones pueden ser varias
y distintas. ¡Imprevisibles, incluso! Ver el tiempo como una
red implica la imaginación, la capacidad inventiva del ser
humano. Lo que vendrá es fruto de lo que seamos capaces de
crear de aquí hacia delante. Con lo cual, la educación
juega un papel fundamental en la creación de ese nuevo tiempo.
Educación del Siglo XXI
Según Edgar Morin, la educación necesaria para el
siglo XXI, implica una reorganización total con referencia
a lo que es actualmente. “Y esa reorganización no se
refiere al acto de enseñar, sino a la lucha contra los defectos
del sistema, cada vez mayores. Por ejemplo, la enseñanza
de disciplinas separadas y sin ninguna intercomunicación
produce una fragmentación y una dispersión que nos
impide ver cosas cada vez más importantes en el mundo. Hay
problemas centrales y fundamentales que permanecen completamente
ignorados u olvidados, y que, sin embargo, son importantes para
cualquier sociedad y cualquier cultura.”
Ese pensador sigue con su razonamiento, hablando de los siete saberes
necesarios para la educación del futuro:
1. Reconocer las cegueras del entendimiento, sus errores y sus
ilusiones: asumir el acto de conocer como una especie de traducción,
no como una correcta foto de la realidad. Se trata de preparar nuestras
mentes para el combate vital por la lucidez, y eso significa que
hay que estar siempre buscando cómo conocer el propio acto
de conocer.
2. Asumir los principios del conocimiento pertinente: la necesidad
de enseñar los métodos que permitan aprehender las
relaciones mutuas y las influencias recíprocas entre las
partes y el todo de este mundo complejo. Se trata de desarrollar
una actitud mental capaz de abordar problemas globales que contextualizan
sus informaciones parciales y locales.
3. Enseñar la condición humana: debería ser
el objeto esencial de cualquier sistema de enseñanza, y eso
pasa por tomar en consideración conocimientos que se encuentran
dispersos entre varias disciplinas, como las ciencias naturales,
las ciencias humanas, la literatura y la filosofía. Las nuevas
generaciones necesitan conocer la diversidad y la unidad de lo humano.
4. Enseñar la identidad planetaria: mostrar la complejidad
de la crisis planetaria que caracterizó el siglo XX. Se trata
de enseñar la historia de la era planetaria, mostrando como
todas las partes del mundo necesitan ser intersolidarias, dado que
enfrentan los mismos problemas de vida y muerte.
5. Hacer frente a las incertidumbres que se han puesto de manifiesto
a lo largo del siglo XX, a través de la microfísica,
la termodinámica, la cosmología, la biología
evolutiva, las neurociencias y las ciencias históricas. Hay
que aprender a navegar en el océano de las incertidumbres
a través de los archipiélagos de las certezas.
6. La enseñanza de la comprensión: comprender es
tanto medio como fin de la comunicación humana, por lo que
no es algo que la educación pueda pasar por alto. Para eso,
es necesaria una reforma de las mentalidades.
7. Ética del género humano: un enfoque que considere
al individuo, a la sociedad y a la especie. Eso no se enseña
con lecciones de moral, pues pasa por la conciencia de sí
mismo que el ser humano va adquiriendo como individuo, como parte
de la sociedad y como parte de la especie humana. Eso implica concebir
la humanidad como una comunidad planetaria compuesta por individuos
que viven en democracias.
Concordando con Edgar Morin, seguimos con la reflexión conectando
educación, ética, valores y creatividad.
¿Qué Ética?
La ética siempre fue problemática, teniendo en cuenta
que más que ayudar a resolver conflictos morales, su función
ha sido cuestionar la moral, los cánones, principios, reglas,
normas, leyes y valores. Las teorías éticas siempre
han significado un esfuerzo reflexivo sobre las moralidades presentes
en las culturas. Si observamos la historia de la ética descubriremos
que coincide, por lo menos en el mundo occidental, con la historia
de la filosofía. Y son muchas las contribuciones teóricas
consistentes resultantes de ese esfuerzo. Pero dada la compleja
realidad mostrada más arriba, la ética ha sido siempre
un problema teórico y práctico. Ni las prescripciones
y las normativas son capaces de abarcar toda la gama de nuevos problemas
prácticos consecuencia de lo dicho anteriormente, ni los
cuerpos teóricos estructurados responden a esa problemática
conceptual.
La distancia entre teoría, discurso y práctica se
ha vuelto cada día más insostenible. Si antes ya era
difícil admitir la existencia de principios generales inaplicables,
ahora es imposible hacerlo. Eso es así porque la vida práctica
exige procedimientos aplicables: ¿cómo pensar? ¿Cómo
actuar? ¿Cómo conectar pensamiento y acción
de forma coherente? ¿Existen actitudes y habilidades que
podamos desarrollar a nivel práctico que nos ayuden a aproximar
nuestro pensamiento a nuestro discurso y a nuestra acción?
Las propuestas éticas que refuerzan individualismos o colectivismos
tampoco son aceptables puesto que un nuevo ethos necesita del equilibrio
en el peso del individuo y de la colectividad. Y el pluralismo impide
que sigan vigentes visiones relativistas o absolutistas. Además
de esto, la compleja realidad antes citada pide una ética
que no sólo sea prescriptiva sino más bien, investigadora,
crítica, cuidadosa y creativa.
Educación y ética
¿Por qué existe la educación? ¿Para
qué educar? Parece ser que unas respuestas dependen de las
otras y todas apuntan hacia la cuestión de que la educación
es una tarea eminentemente ética. O sea, la educación
existe porque el ser humano necesita aprender a ser consciente de
sí mismo, del otro y del mundo y necesita aprender a convivir
y a estar frente al otro de forma respetuosa y evolucionada. Para
ello la educación vehicula los conocimientos necesarios para
el descubrimiento del mundo (en sus múltiples dimensiones:
física, matemática, geográfica, científica,
artística, religiosa, etc.). Por eso, pensar en las finalidades
(¿para qué?) de la educación y en las razones
(¿por qué?) que sustentan su existencia en el medio
humano es asumir que no hay como educar sin hacerlo desde una perspectiva
ética. Eso es así porque la ética es una dimensión
que constituye la educación como tal y justifica su existencia.
Estamos de acuerdo con él filósofo de la educación
Joan–Carles Mèlich cuando afirma que sólo podemos
hablar de educación si existe relación ética.
De lo contrario sólo hablaríamos de adoctrinamiento,
adiestramiento y ese tipo de cosas. El mismo autor afirma que la
ética es hospitalidad y acogida. Así que podemos concluir
que lo que justifica la existencia de la educación es el
encuentro entre los humanos y las relaciones de receptividad y de
cuidado que entre ellos se producen.
Es importante saber que nunca seremos totalmente éticos,
sino que siempre vamos a estar pasando por multitud de situaciones
y circunstancias que nos harán dudar de nuestros valores,
principios y reglas y con los valores, principios y reglas de los
grupos a los que pertenecemos. ¡Volverse una persona ética
es tarea para toda una vida! Realizar la dimensión ética
de la educación con nuestros niños y jóvenes
no será diferente. Educar y educarse son procesos continuos
de ser uno mismo en la búsqueda de la identidad individual
y colectiva. Y como ser ético es un proyecto que dura hasta
el último día de nuestras vidas, es necesario ver
esta cuestión desde una perspectiva creativa. Y recorremos
una vez más a Joan–Carles Mèlich para afirmar
que educar es crear.
¿Qué Creatividad?
La creatividad es una capacidad humana que hace que, de manera inusitada
y original, el ser humano se amplíe y profundice individual
y colectivamente en distintos ámbitos. Además:
• no es algo exclusivo de personas especiales y genios, sino
algo que puede ser desarrollado por cualquier persona
• necesita ser aplicada, o sea practicada, y debe generar
acciones y/o productos en los cuales se pueda observar el resultado
de su utilización
• necesita ser total, es decir, debe procurar desarrollar
los distintos lenguajes en campos: pensamiento, lenguaje, relación,
acción en el mundo, etc.
Educación, ética y creatividad
La educación es en sí un proceso, algo que al cerrar
un ciclo, abre otro. Es una infinita sucesión de acontecimientos
éticos, estéticos, epistemológicos, etc. Seguramente,
no podemos “crear genios”, pero podemos mejorar la calidad
creativa del proceso educacional. Cuando juntamos educación,
ética y creatividad podemos hablar de:
• Estimular la imaginación ética de los alumnos,
no imponiendo dogmas morales, ni adoctrinando
• Colocar el alumno como sujeto activo capaz de hacer productos
y vivenciar procesos que puedan considerarse innovadores y éticos
a la vez, tanto a nivel individual como colectivo
• Implicar a todos, y no sólo a algunos genios privilegiados,
en la ardua tarea de crear espacios para la convivencia más
justos y respetuosos, además de agradables y seguros
• Estimular la solución de problemas en distintos campos
de actuación ética.
Y, retornando a lo que citamos anteriormente de Edgar Morin, podemos
decir que de alguna manera, los siete saberes necesarios para la
educación pueden ser contestados desde la perspectiva ética
y creativa. Y desde la perspectiva del desarrollo de la capacidad
de pensar y de actuar.
¿Qué valores?
La palabra valor deriva de la latina valor y en su sentido primitivo
significaba valentía, coraje. Hoy en día perdura todavía
esa acepción en expresiones como “hay que tener valor
para hacer eso”.
Valor es aquello que permite a las cosas ser apreciadas o no. Los
valores no dependen de las preferencias individuales. No todos los
valores son éticos, sino que existen también valores
estéticos políticos, económicos, sociales,
profesionales, etc. Los valores éticos son una creación
humana que se presentan como fundamento de las concepciones del
mundo y de la vida. Son una referencia para el mantenimiento de
la humanidad del ser humano. El hombre se va deshumanizando en la
medida en que se va apartando de los valores éticos.
Esta palabra adquirió mayor importancia durante los siglos
XIX y XX, a través de las ideas de pensadores como Marx,
que hace ver los valores económicos, Nietzsche, que busca
los orígenes de los valores morales, y Sartre que presenta
los valores como un producto de la libertad humana creadora. Actualmente,
en el siglo XXI, en función de la complejidad contemporánea,
la palabra “valor” retoma su protagonismo.
Educación en valores interculturales
Estamos de acuerdo con la filósofa y educadora Victoria Camps
cuando afirma lo siguiente:
“Que la educación debe estar comprometida con unos
valores éticos es una afirmación difícilmente
discutible. La educación es necesariamente normativa. Su
función no es sólo instruir o transmitir unos conocimientos,
sino integrar en una cultura que tiene distintas dimensiones: una
lengua, unas tradiciones, unas creencias, unas actitudes, unas formas
de vida. Todo lo cual no puede ni debe transcurrir al margen de
la dimensión ética que es, sin duda, el momento último
y más importante, no de esta o aquella cultura, sino de la
cultura humana, universal. Educar es, así, formar el carácter,
en el sentido más extenso y total del término: formar
el carácter para que se cumpla un proceso de socialización
imprescindible, y formarlo para promover un mundo más civilizado,
crítico con los defectos del presente y comprometido con
el proceso moral de les estructuras y actitudes sociales. A eso,
a la formación del carácter, es a lo que los griegos
llamaban «ética». Y para formar el carácter
no hay más remedio que inculcar unos valores. No todos son
valores éticos: hay valores estéticos, económicos,
políticos, sociales, profesionales. Pero debe haber también
valores éticos: valores «sencillamente humanos»,
habría que decir, si el término «humano»
pudiera servirnos de criterio o de referencia en un mundo donde
la humanidad da escasos signos de lo que debería ser. Sin
embargo, de eso se trata: de recuperar, aunque sólo sea discursivamente,
el valor de la humanidad.
(Victoria Camps, Los valores de la educación, Pág.
11)
Pero como nos interesa trabajar valores que puedan ser llamados
interculturales añadimos a estas consideraciones la aportación
del pensador Norbert Bilbeny sobre lo que puede ser una ética
intercultural:
“ Si es ‘intercultural’, la ética ha de
ponerse al nivel y al servicio de las culturas, se desprenda o no
de ellas. No pertenece a alguna o algunas de las culturas en particular,
ni es ajena, por lo contrario, a todas ellas, pues aunque no se
dedujera de ninguna, su propósito es ser común y aplicable
a todas, sin tener que presuponer, mientras tanto, que alguna es
superior al resto.” (Pág.14)
“El tipo de ética intercultural que se intenta razonar
en este ensayo está basado en el convencimiento de que la
mente humana, sin diferencia de culturas, es capaz de dar de si,
a través del conocimiento, en su sentido más amplio,
y de la reflexión, el esfuerzo y el disfrute de la interacción
y el intercambio, en lugar de permanecer en la incomprensión
y el enfrentamiento. Donde hay humanos, algo es comparable.”
(Pág. 176)
Valores ético-creativos para el siglo XXI
Considerando todas las aportaciones anteriores sobre la educación,
el siglo XXI, la ética y la creatividad, se propone una lista
de valores para una acción autónoma y creativa en
la complejidad del siglo XXI.
1- Civismo
Es un valor básico marcado por el trato respetuoso con los
demás. Es lo que llamamos “buenas maneras” o
“buena educación”. Gestos de cortesía
y amabilidad constituyen el civismo, tales como saludar, ser solícito,
respetar a los mayores, tener siempre una sonrisa, agradecer, pedir
permiso, pedir disculpas, etc. En general es uno de los valores
más ejercitados en la primera etapa de la infancia. Muchas
personas piensan que basta con trabajar el civismo para que una
persona sea ética, pero no es bien bien así... Actuar
cívicamente significa actuar como si fuéramos virtuosos,
pero una persona puede ser bien educada y sin embargo cometer actos
que, desde un punto de vista ético, pueden ser atrocidades;
Hitler es un buen ejemplo de eso. Y es justamente en función
de este límite que recorremos a Victoria Camps y Salvador
Giner que, en su libro Manual de Civismo, amplían este concepto
de la siguiente forma:
“La noción de civismo posee dos acepciones. La más
corriente, y que todo el mundo entiende de buenas a primeras, es
la de conducta correcta y respetuosa entre propios y extraños.
Incluye los buenos modales, la buena educación. (...) Hay
otro sentido de la palabra, algo más sutil, que nos parece
fundamental: civismo es también la cultura pública
de la convivencia por la que se rige, o debería regirse,
una determina sociedad. Según este significado el civismo
está formado por un conjunto de procederes de interacción
humana sin los cuales la convivencia es difícil o imposible.
Son normas emparentadas de algún modo con lo que entendemos
por etiqueta social o protocolo, pero son distintos de éstos:
el civismo es un bien compartido o a compartir por todo el pueblo,
ése es su atributo esencial” (p.14)
2- Respeto Mutuo
Hablamos de respeto mutuo y no de tolerancia, porque en la tolerancia
hay dos clases: los tolerantes y los tolerados. Lo que significa
que hay unos superiores a los otros, cosa que desde la perspectiva
de la ética intercultural no nos interesa desarrollar en
los niños.
El respeto mutuo implica la aceptación del otro, pero como
no basta aceptarlo, es necesario tenerlo en cuenta, considerarlo
como sujeto, como persona. Y que eso sea recíproco, que ambas
las partes se reconozcan como sujetos y como personas.
Este respeto mutuo, a nivel privado, presupone aceptar las verdades,
los valores, las reglas y los hábitos del otro, incluso siendo
radicalmente diferentes de los nuestros. Hace referencia a la conciencia
de cada persona, que es única y concibe sus puntos de vista
de forma singular y, por ello, merece respeto. A nivel colectivo,
el respeto mutuo es responsable de la eliminación de violencias
religiosas, políticas e ideológicas, provocadas por
una actitud irrespetuosa. Actualmente, es un valor muy necesario
debido a la situación del mundo, globalizado económicamente,
mundializado culturalmente y caracterizado por diversas corrientes
migratorias, hechos todos que generan una mayor necesidad de respeto
mutuo entre las diferencias. En algunos países es ya común
que en las escuelas convivan niños de diversas culturas,
inmigrantes o hijos de inmigrados. Si no aprenden a actuar con respeto
mutuo, los conflictos que puedan surgir por las diferencias culturales
pueden traer resultados desagradables. El respeto mutuo es básico
para que se pueda aprovechar la riqueza de la diversidad.
3- Buen humor
Según el filósofo Nietzsche, hay que aprender a reír.
Esta claro que algunas personas son más dadas a la risa que
otras, más es posible aprender a usar la risa y el buen humor
de manera más adecuada, usándolos en momentos más
propicios. El buen humor es un recurso para aceptarse a si mismo,
aceptar a los demás y las situaciones más complejas,
ya que ayuda a elaborar las frustraciones.
El mal humor es un agravante negativo para la convivencia, mientras
que el buen humor representa buena educación y una pauta
para el trato con los demás. Es expresión de felicidad
cuando equilibra la expresión de si mismo en el mundo. Es
señal de inteligencia si somos capaces de no perderlo en
los momentos duros y difíciles.
4- Buen gusto
El gusto es entendido muchas veces como una arbitrariedad subjetiva,
o sea, como algo particular y específico vivido por el individuo.
Pero, si llevásemos esa idea al extremo no deberíamos
encontrar dogmatismos ni prejuicios en la cuestión del gusto
y en cambio los hay. El gusto se aprende y además, de forma
contraria a lo que muchos piensan, el gusto puede educarse. En primer
lugar, debemos tener claro que el arte colabora de manera decisiva
en eso. Podemos decir que lo que forma el buen gusto es la presencia
de la “obra de arte” que le abre un mundo diferente
a quién se relaciona con ella. El gusto es un tipo de comunicación
que se establece con la obra y el buen gusto es la capacidad de
juzgarla sin prejuicios, buscando hacer justicia al objeto estético
que la obra es y representa. La palabra estética se utiliza
muchas veces como adjetivo y como sustantivo, teniendo distintas
acepciones en el lenguaje cotidiano. En el campo filosófico
la estética es la filosofía que estudia racionalmente
la belleza y lo que ella provoca en el sentimiento humano. El buen
gusto es, por lo tanto, una comunicación con lo bello. Se
entiende aquí por supuesto que no existe una única
belleza patrón que debe ser seguida y acatada por todos,
sino que la belleza se manifiesta de distintas maneras en cosas
y obras diversas. Enseñar buen gusto, que es algo del ámbito
de la estética, está relacionado con la ética.
Desde los griegos cabe pensar la unión de lo bueno, de lo
bello y lo verdadero como la máxima expresión del
Bien.
5- Sentido común/templanza
Sentido común y templanza son distintos pero que aquí
aparecen juntos debido a la edad de los niños a los que se
dirige este programa. La templanza tiene como objetivo el control
y la moderación de deseos, necesidades e instintos básicos
como comer, beber, dormir y hacer el amor. Así, ser temperado
significa no ser ni anoréxico ni obeso, ni abstemio ni perezoso
ni hiperactivo, ni somnoliento ni insomne. La templanza es difícil
de alcanzar porque la fuerza de nuestros instintos, deseos y necesidades
nos domina en muchas ocasiones. ¿Quién puede ser libre
siendo esclavo de su gula, por ejemplo? Si creemos en la libertad
y en la autonomía del ser humano debemos intentar desarrollar
esa virtud en nuestros niños. Es un trabajo difícil
pero no imposible.
El sentido común se refiere al uso del buen juicio en la
toma de decisiones diaria. Es el tipo de conocimiento más
utilizado por el ser humano y en general es el resultado de la confluencia
de las demás formas de conocimiento, tales como la ciencia,
la filosofía, la religión y el arte. Tener sentido
común significa grosso modo ponderar antes de decidir, pensar,
razonar, procurar equilibrar y considerar todos los factores implicados.
Esto tampoco es fácil de desarrollar porque normalmente preferimos
buscar argumentos que justifiquen nuestras necesidades, sin querer
considerar todo lo demás.
Este valor y esa virtud aparecen juntos en este programa porque
se presupone que con los niños en estas edades desarrollan
el sentido común y la templanza conjuntamente puede generar
resultados cualitativamente mejores.
6- Paz/paciencia
La palabra paz viene de latín pax, y da origen a otras palabras
como pacífico, apaciguamiento o pacato. Podemos hablar de
paz interior y de paz exterior. Paz interior seria el cultivo del
equilibrio entre los instintos y la espiritualidad, entre la necesidad
de afirmación de nuestra identidad y la necesidad de abertura
y comunión con los demás. Representa el cultivo de
la serenidad, tranquilidad y el sosiego, lo que no significa reforzar
la debilidad y la flaqueza humana. Cultivar la paz interior es entender
en profundidad lo que es la fuerza sin la necesidad de revancha
por el orgullo herido o por la necesidad de afirmación de
la identidad. La paz exterior sería la creación de
ámbitos de concordia, respeto y tolerancia para con las diferencias
en los ámbitos públicos. La paz interior es una necesidad
para poder vivir bien y ser una persona equilibrada que sabe disfrutar
de la vida, respetarse y respetar a los demás, incluidos
todos los seres del planeta. La paz exterior es un deber y una necesidad,
principalmente en este momento en que vivimos distintos niveles
de conflictos mundiales.
La paciencia es la ciencia de la paz. Es la capacidad de lograr
armonizar con el tempo de las cosas, equilibrándolo con el
tempo de las expectativas y de las necesidades personales. Es la
capacidad de ser intenso sin agitarse, de mantener una actitud tranquila
frente a distintos tipos de problema, siguiendo el ritmo que exigen
los procesos en general.
7- Autoestima/autenticidad
Autoestima es lo mismo que amor propio, que significa confiar en
si mismo, estar seguro de las propias capacidades y buscar ser consciente
de los propios límites, discerniendo cuales deberán
ser respetados y cuales transformados. De forma contraria a lo que
muchos piensan, la auto–estima no es un estadio al cual se
llega y nunca más se pierde. A lo largo de la vida pasamos
por distintos momentos en los cuales nos queremos más o nos
queremos menos. Eso ocurre en función de la trama entre diversos
factores internos y externos. Depender demasiado de la opinión
ajena hace que la autoestima esté siempre vinculada a la
aceptación por parte del otro. Sin embargo, no considerar
la opinión de los demás hace que la auto–estima
se construya con bases irreales y ilusorias, sin parámetros
humanos más universales. Por lo tanto, conseguir amarse a
si mismo no es una tarea solitaria y sin conflictos, ni tampoco
es una tarea colectiva en la cual el otro define la respuesta final.
Es un esfuerzo de la conciencia que une los sentimientos, los pensamientos,
la sociabilidad y la espiritualidad. El aprendizaje de la auto–estima
comienza cuando alguien nace y es tocado con manos que le aman o
no. El amor del otro (padres, educadores, amigos, etc.) es fundamental
para el desarrollo del amor a si mismo. Y eso está directamente
relacionado con la imagen que cada uno construye de si mismo, a
partir de la imagen que los demás proyectan en los distintos
y diversos espejos de la vida.
La palabra autenticidad viene del vocablo griego authentikós
y significa aquel que tiene autoridad. Así que podemos comprender
la expresión “ser auténtico” como tener
autoridad sobre uno mismo, tener firmeza y coherencia interna. Y
para eso es necesario conocerse, aceptarse y quererse.
8- Reciprocidad
Cuando Norbert Bilbeny propone la reciprocidad como una de las tres
reglas formales de la ética intercultural afirma que: “para
una ética intercultural se exige el ser capaces de pensar
por nosotros mismos, pero hacerlo, a la vez, teniendo en cuenta
al otro. Es la aptitud y la disposición a la reciprocidad:
tengo en cuenta a los demás, del mismo modo que ellos han
de contar también con mi existencia”. (página
75)
Bajo la lucidez de esta regla podemos hablar de dos valores conocidos:
la generosidad y la solidaridad. La generosidad, entendida como
solidaridad, es un cultivo sentimental y espiritual para con la
comunidad y en general para la humanidad. Los actos generosos no
se dirigen a una persona determinada, sino a las personas en general.
La persona generosa no espera reconocimiento por sus actos porque
no es generosa con alguien concreto, el objetivo de su generosidad
es el ser humano en general. La generosidad implica también
una actitud con el dinero, la propiedad y los bienes materiales.
Un acto generoso, según Aristóteles, es aquel situado
entre la avaricia y el desperdicio, ya que no es generoso quien
se apega a lo que tiene ni es generoso quien da lo que no tiene.
Los niños al aprender a ser generosos aprenden a valorar
lo que tienen y a la vez a desapegarse de lo que es suyo, aprenden
a dar en vez de sólo recibir. Esto facilita la superación
del egocentrismo propio de la edad. Trabajar estos valores supone
colaborar con el desarrollo intelectual y moral de los niños,
propiciando lo que Piaget caracteriza como paso del egocentrismo
a la reversibilidad. La solidaridad hace que las personas se sientan
parte de una misma sociedad, y puede existir entre personas, entre
ciudades, entre países y etc. Por ejemplo, cuando una catástrofe
ocurre en una ciudad, las demás pueden ser solidarias y colaborar
en su reconstrucción. La solidaridad es lo contrario de la
indiferencia, lo que presupone esa ayuda mutua de la cual habla
la palabra reciprocidad.
9- Gratitud
La gratitud es un segundo placer que prolonga el que se dio primero.
Es un eco de alegría, de la alegría sentida. Por eso
la gratitud no tiene nada que ver con las actitudes mecánicas
de cortesía, mediante las cuales podemos dar las gracias
sin sentir gratitud. La gratitud es una capacidad de recibir y de
retribuir ese recibimiento. Es un reconocimiento del placer que
el otro nos ofreció. Un egoísta es ingrato, no porque
sea incapaz de recibir sino porque no es capaz de reconocer y retribuir
lo que recibió. Los niños tienen alguna dificultad
para aprender la gratitud, porque requiere la superación
del egocentrismo. Generalmente se aprende primero su aspecto más
formal, se aprende a ser agradecido por cortesía.
Solamente con el tiempo, cuando se reconoce al otro en tanto que
persona, se va descubriendo la gratitud. Los niños pueden
tener más dificultad para aprender eso mientras piensan que
todo y todos existen para satisfacerles, para darles lo que necesiten
en el momento que lo necesiten. Los niños y los adultos porque
el individualismo extremo del mundo contemporáneo ha transformado
la gratitud en un valor en desuso y ha hecho que sean muchos los
adultos que se comportan de manera egocéntrica. Por último
hay que añadir que el amor y la amistad son valores directamente
conectados con la gratitud porque la amistad y el amor están
constituidos de gratitud, o sea son hechos de actos gratuitos de
reconocimiento del placer y la alegría que el otro nos causó.
10- Libertad/disciplina
Parece contradictorio unir estos dos valores, pero no lo es. “Disciplina
es libertad”, cantaba un grupo de música pop brasileño.
El objetivo final de la disciplina es la libertad ya que ésta
presupone el aprendizaje del autodominio. Crear un ambiente colectivo
lleno de reglas y normas externas sólo tiene sentido profundo
se eso ayuda a que los participantes aprendan a controlar sus propias
pasiones, impulsos, deseos y necesidades. A fin de cuentas ¿quién
es libre si es esclavo de sus propias pasiones, si sólo actúa
para satisfacer sus instintos, impulsos y necesidades? ¿Quién
puede ser libre usurpando al otro su mismo derecho a la libertad?
La libertad es una construcción colectiva que presupone un
autodominio individual. De ahí el binomio “libertad/disciplina”.
Eso no implica necesariamente reforzar el exceso de racionalismo
que ya existe en nuestra cultura, sino que afirma la necesidad de
una educación emocional y racional que permita un equilibrio
más dinámico entre ambas dimensiones humanas.
11- Amor/amistad
El amor es una energía que une y nos hace reconocer y conmemorar
la existencia del otro y que se manifiesta de distintas maneras.
La amistad es un tipo de amor, así como el amor maternal
o el amor universal. Ver el amor como un valor significa tenerlo
como referencia máxima para las actitudes con los demás.
Una actitud amorosa es aquella que recibe, acoge y respeta. Es aquella
que se empeña en comprender y en construir, en participar
y en colaborar para que el otro se vuelva mejor. Según el
filósofo español Fernando Savater: dónde el
amor se instaura, sobra la ética y la virtud deja de tener
sentido. Los objetivos de la virtud: valor, generosidad, humanidad,
solidariedad, justicia, etc., el amor consigue alcanzarlos sin esfuerzo
y sin disciplina. Eso significa que cuando hacemos algo por amor
no necesitamos del deber, de las normas, de las reglas, ni de la
disciplina. El propio amor ya orienta nuestra libertad rumbo a nuestra
satisfacción y a la satisfacción del otro, porque
uno de los mayores placeres del amor es dar placer al otro.
Cuando impera el individualismo y el egocentrismo desaparece el
amor. Es por eso que en este siglo es imprescindible rescatar el
amor como un valor.
La palabra amistad viene del latín amicitas, que a su vez
deriva de amicus (amigo) y de amare (amar). La amistad es el amor
que vincula a los seres humanos entre si y presupone abertura al
diálogo, simpatía, generosidad, disponibilidad, entrega,
respeto, paciencia y comprensión. O sea, vivir la amistad
es un perfeccionamiento ético importante. Intentar “aplicar”
la amistad de las relaciones íntimas a las relaciones públicas
supone una madurez ética más global. Por ejemplo,
no habría guerra si existiese más amistad entre los
pueblos.
12- Coraje/prudencia
Estos dos valores son diferentes pero aparecen aquí unidas
en función del equilibrio que uno puede proporcionar al otro
en la propuesta de este programa. Unido a la prudencia, el coraje
puede ser bien administrado, ya que es un valor que puede servir
tanto para el bien como para el mal. Por ejemplo, personas que conducen
a más de 160km/h son personas con coraje, pero ¿podríamos
decir que son personas prudentes?
Una persona con coraje es una persona que, conociendo el peligro
existente, vence al miedo y actúa. Por tanto, el coraje implica
la conciencia del peligro y por eso no tiene coraje una persona
que se arriesga ingenuamente.
Prudente es la persona que, en muchos momentos, sabe que es mejor
esperar. Por eso, tras evaluar una situación, puede postergar
una actitud o un comentario. O sea, la prudencia aplaza, desvía,
transfiere, espera, controla los ímpetus e impulsos inmediatos.
Por eso, unida al coraje, la prudencia puede ayudar a formar personas
que sean más capaces de superar sus miedos y, al mismo tiempo,
busquen una medida para su propia valentía.
13- Trabajo/labor/persistencia
La palabra trabajo viene del latín tripalium, instrumento
de tortura. La palabra labor viene de la palabra también
latina labor que significa tarea y fatiga. Partiendo de esa etimología
no es difícil asociar ambas palabras con algo desagradable.
Si añadimos la visión judío-cristiana del trabajo
como castigo constatamos que rescatar el trabajo como un valor mediante
el cual podemos ser personas mejores no es una tarea fácil.
El trabajo/labor es un esfuerzo dirigido a conquistar, adquirir,
crear, emprender o hacer algo. Si viviéramos ese esfuerzo
como algo que nos transforma positivamente, descubriríamos
la dimensión placentera del trabajo.
La persistencia es un valor directamente ligado a ese esfuerzo
aplicado y se refiere a la capacidad de no desistir rápidamente
de aquello que se pretende alcanzar. Todo trabajo/labor pide persistencia.
Persistir es perseverar, es insistir en las tareas emprendidas hasta
conseguir lo que se pretendía cuando el esfuerzo comenzó.
La persistencia es una fuerza de voluntad que permite que se mantenga
la firmeza en aquello que alguien se propone realizar. Es una confirmación
de la coherencia interna de alguien capaz de actuar según
lo que piensa y lo que dice que piensa, o sea según sus creencias,
valores y convicciones.
Estas virtudes/valores son antídotos para la pereza, que
es un vicio que impide definitivamente que las personas sean más
creativas y capaces de autoperfeccionarse.
14- Humildad / simplicidad
La humildad es un reconocimiento de todo aquello que no somos. Es
la constatación de los límites humanos, aquello que
nos salva de la arrogancia que siempre amenaza con aparecer en las
relaciones de poder. La humildad permite que todas las demás
virtudes sean discretas y no nos hagan enorgullecer en exceso de
nuestros valores y de nuestra fuerza (virtu). Es, por tanto, un
valor en constante relación con las demás.
Volviendo a Aristóteles que nos ayuda a pensar siempre en
el término medio entre dos vicios: la humildad está
entre la vanidad y la bajeza. Cuando nos falta humildad somos vanidosos
y arrogantes y cuando nos sobra, somos “menos” torpes,
siempre creyendo que no somos dignos y que no tenemos el debido
valor. En éste último caso nos sometemos a humillaciones
situándonos más bajo de dónde realmente estamos.
Pero las humillaciones sólo sirven como arma de orgullosos,
arrogante, vanidoso y perverso y nada tiene que ver con la humildad.
Ser humilde no significa dejarse ser humillado.
Humillar al otro, no reconocer su dignidad, no es ayudarlo a ser
humilde. Humillar al otro es dar refuerzo a nuestra vanidad y nuestro
orgullo. La filósofa española Maria Zambrano dice
una frase preciosa: La poesía vence sin humillar. Y cuando
tratamos la humildad como un valor a ser desarrollado con niños
estamos hablando de crear personas capaces de “vencer sin
humillar”.
La simplicidad es lo contrario del narcisismo y de la pretensión,
es el antídoto para el exceso de amor propio, es el equilibrio
para la autoestima. Muchos confunden simplicidad con simplismo y
superficialidad. Pero curiosamente ser simple no es una tarea fácil.
Representa la vida en su forma originaria y como la vida es compleja,
ser simple significa profundizar en esa complejidad. Es como el
retorno del buzo con su perla en la mano, después del salto
al fondo del mar. En este programa, la simplicidad se presenta junto
a la humildad porque también sirve de parámetro para
el equilibrio de los demás valores.
15. Diálogo
¿Qué significa pensar en el diálogo como un
valor ético? Primero, hay que considerar que dialogar pide
capacidad para oír al otro y para hacerse entender al expresarse.
Esto significa pensarlo como antídoto para la agresividad
tanto individual como social, para la violencia tanto verbal (por
ejemplo, los insultos) como en su forma física (golpear,
pegar, matar). El diálogo es un valor democrático
porque posibilita la interacción social entre los que son
diferentes, haciendo viable la convivencia pacífica en una
sociedad pluralista y garantizando la expresión de diversas
ideas, sean las dominantes o no. El diálogo también
permite un tratamiento importante de los conflictos entre las personas,
además de ser una excelente “herramienta metodológica”
para aprender a pensar.
16. Flexibilidad
Ser flexible implica no actuar, ni pensar, ni juzgar con rigidez.
Cuando alguien desarrolla la flexibilidad como un valor, no juzga
precipitadamente ni se apega de manera brusca a sus seguridades
y certezas. Ser flexible implica buscar distintas alternativas para
afrontar los problemas. Es un valor imprescindible para afrontar
la incertidumbre.
17. Fluidez
La mejor imagen para la fluidez es el agua en movimiento. Fluir
es moverse suave y placenteramente como el agua en las montañas.
En general, resulta más fácil encontrar placer y disfrutar
de cosas como comer, dormir, hacer sexo, cazar, pescar, ganar dinero,
viajar, hacer nada. Y por eso, muchos poden pensar que ese no es
un valor importante, al revés puede ser un vicio.
Considerar la fluidez como valor ético implica buscar maneras
de hacer lo que se tiene que hacer con motivación, gusto,
placer, disfrute. La fluidez es una característica de personas
involucradas en procesos creativos, cuando crea, el humano fluye
con su obra. Es la fluidez que permite la producción de muchas
ideas y/o productos creativos.
18. Originalidad
La utilización de la capacidad creativa supone la producción
de la novedad y del desarrollo de cosas/ideas diferentes y inusuales,
a eso se llama originalidad. Ser original es pensar en ideas que
nunca a nadie se le han ocurrido, es hacer/producir algo diferente.
Es la originalidad lo que permite encontrar respuestas y salidas
innovadoras a problemas.
Tener la originalidad como un valor ético, implica aplicarla
a uno mismo, a las relaciones con el otro, con la sociedad, con
la naturaleza.
19. Cuidado
El cuidado como valor ético es una actitud y un modo de ser.
Sin el cuidado el humano deja de ser humano o ni llega a serlo.
Si no recibe diferentes tipos de cuidado del nacimento hasta la
muerte, el ser humano no se estructura.
Asumir el cuidado como un modo de ser, implica constatar que debe
estar presente en las micro y en las macro acciones, desde actitudes
cotidianas hasta las mas transcendentes. Implica descubrir cómo
cuidar del otro y de si mismo, además de dejarse ser cuidado.
Según Leonardo Boff, el cuidado permite la revolución
de la ternura y hace surgir un humano complexo, sensible, solidario,
cordial y conectado con tudo y con todos en el universo.
¿Y ahora? Mirando hacia adelante
Para cerrar ese ciclo reflexivo, volvemos a nuestro interlocutor
Edgar Morin:
"Somos habitantes de la Tierra. Citamos a Holderlín
y completamos su frase diciendo: prosaica y poéticamente,
el hombre habita la Tierra. Prosaicamente (trabajando, fijándose
objetivos prácticos, intentando sobrevivir) y poéticamente
(cantando, soñando, gozando, amando, admirando), habitamos
la Tierra.
La vida humana está tejida de prosa y poesía. La poesía
no es sólo un género literario, es también
un modo de vivir la participación, el amor, el fervor, la
comunión, la exaltación, el rito, la fiesta, la embriaguez,
la danza, el canto que transfigura definitivamente la vida prosaica
hecha de tareas prácticas, utilitarias y técnicas.
Así, el ser humano habla dos lenguajes a partir de su idioma.
El primero denota, objetiva, se fundamenta en la lógica del
tercio excluso. La segunda habla a través de la connotación,
de los significados contextualizados que rodean cada palabra, de
las metáforas, de las analogías, intenta traducir
emociones y sentimientos, permite expresar el alma (...) En el estado
poético, el segundo estado se convierte en el primero"
Espero que estas reflexiones inspiren a los asistentes a esta conferencia
y que consideren la posibilidad de seguir educando prosaica y poéticamente,
recordando que un estado puede convertirse en el otro.
BIBLIOGRAFIA
1. SÁTIRO, Angélica. Meditações sobre
os labirintos Éticos nas relações com os filhos.
Belo Horizonte: texto publicado nos anais do Congresso Nacional
de Pais, 1997
2. SÁTIRO, Angélica. Jugar a pensar con niños
de 3-4 años. Barcelona: Octaedro, 2004
3. SÁTIRO, Angélica. Entrevista a Edgar Morin. Revista
virtual CREARMUNDOS: www.telefonica.net/web/crearmundos 2004
4. SÁTIRO, Angélica. Jugar a pensar con leyendas.
Barcelona: Octaedro, (en publicación)
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